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Frederic Torres
Agradable sorpresa la edición de esta partitura del alicantino Luís Ivars compuesta para la esperada adaptación de las aventuras del famoso personaje creado por Víctor Mora y dibujado originalmente por Ambrós, cuyos tebeos tan buenos ratos hicieron pasar durante su infancia/juventud a varias generaciones sumidas en la grisácea dictadura tardofranquista como en el chillón colorido pop de la llamada “Transición”. Más todavía por la vocación internacional del lanzamiento (con la nomenclatura en inglés de la austera carpetilla, tanto de los títulos como de la –escueta- entrevista al compositor que incluye –realizada por Mikael Carlsson-) debida al sello sueco Movie Score Media en el que también han encontrado acomodo desde que iniciara su singladura algunos compositores como Alfons Conde, Zacarías M. de la Riva y Arnau Bataller. Y cabe subrayar esta inesperada circunstancia por motivos que no se le escaparán al conocedor de los múltiples problemas que la puesta en marcha del proyecto ha acarreado tanto en su fase previa como en la de su posterior estreno y distribución debido a los sucesivos aplazamientos del rodaje consecuencia de haber ido pasando las riendas de la dirección por diversas manos hasta recalar en las del definitivo Antonio Hernández, motivo por el cual el reparto previsto sufrió alguna baja de importancia como la renuncia definitiva de la mediática Elsa Pataky a interpretar el papel de Sigrid, la nórdica y esbelta pareja del Capitán, tan publicitada durante la pre-producción incluso en escenarios tan propicios como el mismo Festival de Cannes. Si a todo ello unimos un estreno de tapadillo y de escasa difusión propiciador de catastróficas consecuencias económicas al que, a mayor abundamiento, habría que adicionar las polémicas opiniones personales manifestadas por el presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, Enrique González Macho, sobre los resultados artísticos alcanzados por el film llegándolo a calificar de “pestiño”, que a su vez propiciara la airada reacción de parte de los productores de la película que optaron por la renuncia voluntaria a participar en cualquiera de los aspectos valorables de la misma para posibles nominaciones a los Goya (de cuya organización, como es sabido, se encarga la Academia), se obtendrá toda un cúmulo de circunstancias que en absoluto permitían dejar entrever la aparición de disco alguno (caso, desgraciadamente, de la partitura, por ejemplo, de José Nieto para la adaptación del “Tirant lo Blanch” realizada por Vicente Aranda, todavía pendiente).
Se entenderá, pues, que esta aportación discográfica resulte de los pocos aspectos gratificantes que oponer a los avatares sufridos por el proyecto y que aun a pesar de llegar con cierto retraso respecto al estreno del film permita conocer de primera mano el planteamiento autóctono realizado por Ivars (ex-componente del grupo pop/folk Mediterráneo) sobre un icono heroico del cómic como el Capitán Trueno, más ante el vendaval norteamericano proveniente de las adaptaciones de héroes de todo tipo de pelaje y condición realizadas a partir de las todopoderosas Marvel y DC. El compositor, novel en un film de estas características, no así en el mundo del cine donde ya cuenta con alrededor de una docena de colaboraciones entre las que destacan "Tabarka" y "Tiempos de Azúcar", ambas editadas discográficamente, se entrega a su trabajo en cuerpo y alma elaborando toda una retahíla de motivos para cada uno de los personajes, principales y secundarios (Trueno, Sigrid, Crispín, Goliath, Morgano), integrándolos adecuadamente en el corpus sinfónico (también electrónico) que predomina en la partitura. Así, tras el arabesco inicial escuchado en “Hassan Desert”, el prólogo del film, en el que adquiere protagonismo una voz solista femenina (Yasmine Amari) a modo de lamento (en el mismo doble sentido paisajístico y evocador que el empleado por Dario Marianelli en “Agora”), irrumpe con fuerza la poderosa fanfarria central plena de característico poderío épico para identificar con indudable brío y efectividad al legendario personaje en la que una novedosa Orquesta de la Ópera de Macedonia tiene la posibilidad de lucir más allá de cumplir debidamente su papel, resultando la condición geográfica que emplaza al pequeño país como encrucijada milenaria entre Oriente y Occidente igualmente idónea para los propósitos artísticos que cualquiera de las formaciones peninsulares podría haber asumido pero cuyo empleo, lamentablemente para lo que supone esta deslocalización laboral, resulta, al parecer, de mucho menor coste económico. La exposición final del fragmento, plagado de sutiles detalles percusivos, testimonia el cuidado con que Ivars afronta el empeño, recurriendo nuevamente en el siguiente fragmento, “Thunder to Rescue”, al brío de las fanfarrias para abordar con solvencia y una inusitada ausencia de complejos un pasaje de acción en el que la cuerda, scherzando, asume las riendas de la descripción retornando, aunque en esta ocasión sea desde unas características tan épicas como ceremoniosas, a las citadas fanfarrias en “Thunder´s Troops”.
No obstante manejar Ivars las diferentes situaciones con inusitada versatilidad, imprescindible para cualquier cinta de aventuras que se precie, tras el bloque inicial se detecta un decaimiento del interés de la exposición debido a una excesiva supeditación a las veleidades argumentales escoradas a partir de este punto del film hacia componendas demasiado mediatizadas por la intriga, evidenciando las claras insuficiencias fílmicas de una adaptación que obvia las insólitas concomitancias sociales que siempre acompañaron, entre líneas, al personaje convirtiéndolo en adelantado paladín de la justicia y las libertades civiles en una época inmersa en la plena supresión absoluta de libertades (sus continuas proclamas estaban lejos de ser una inocua expresión de cualquiera de los populares clichés heroicos que la miopía de la censura de la época suponía), lo que acaba por redundar en un desarrollo de las propuestas carentes del atractivo inicial todo y constituirse el disco en una cuidada selección de pasajes musicales debido a la extensión (solicitada por el director) de la partitura, caracterizada por su continuada y persistente presencia fílmica a imitación y semejo de los usos clásicos narrativos propios de la época dorada hollywoodiense. Así, el metal juega con la percusión creando un clima misterioso en “The Grail”, que se torna amenazador con el contrapunto del arpa en “Heads Forest and Village”, previa finalización con una descripción (casi una danza) de corte costumbrista a modo de ilustración musical del poblado del “Bajo Aragón” al que arriban los protagonistas. Los aspectos inquietantes prosiguen con el crescendo dedicado al ejército formado por los maléficos “The Black Knights”, a los que se añade una simulación coral electrónica en la atmosférica “Magic in the Cage”, para a continuación reposar en los aspectos líricos de “Is He Going to Die” gracias a una cuerda que vuelve a primera línea antes de difuminarse nuevamente en los inciertos contornos del paisajismo contextual. El extenso fragmento que es “Revelation”, superior a los seis minutos de duración, supone una especie de compendio de todo este bloque intermedio en el que el metal y la cuerda se abren paso ceremoniosamente uniéndoseles la potencia de la voz solista femenina combinada con la tonalidad grave de la cuerda, recordando ciertos modelos estandarizados de la última década deudores del éxito de la trilogía de “El Señor de los Anillos” de Shore, proseguidos en “Open the Dome!”, si bien desde una perspectiva provista de mayor acción descriptiva.
Pero aún sin abandonar las dimensiones periféricas del relato, a partir de “Sigrid´s Spell” la tonalidad atmosférica varía hacia una mayor originalidad gracias a ciertas peculiaridades sonoras de concomitancias etéreas así como a algunos efectos reverberantes u onomatopéyicos como el goteo del agua, al tiempo que el solo de violín que define “Mysterious Tunnel” ayuda a cimentar esa sensación de cambio que, tras el réquiem en que se constituye “Sigrid Cries”, consigue afianzarse definitivamente con “The Great Troop”, en el que la acción retorna con fuerza gracias a la plena conjunción orquestal (cuerda+metal+percusión), llegándose de este modo al necesario tono evocador del bloque final de la partitura iniciado con “Adagio Agitato (Rain of Fire)”, donde el scherzo y la fanfarria principal del inicio de la secuencia ceden su testigo al lirismo de la cuerda antes que la voz femenina de Yasmine presente en “Morgano and Hassan´s Goodbye” conduzca dicho recorrido, pizzicatos mediante, a “Farewell and a New Adventure”, fragmento final cuyo solo de trompa alcanza la plenitud sin abandonar esa misma dimensión evocadora. Lamentablemente, a pesar del aplicado ingenio de Ivars, la citada ausencia de una dimensión política del personaje emborrona los aspectos referenciales que siempre han acompañado icónicamente al personaje hasta dejarlo casi irreconocible, convertido en un mero héroe de fantasía medieval descontextualizado, homologable y exportable a cualquier otro territorio o latitud, y la música se resiente de ello al no quedar investida de la especial aura que dignifica cualquier discurso que se pretenda a favor de la eterna lucha contra la opresión. El tema central, “Captain Thunder”, escuchado como adecuado remate del disco maquilla un tanto la no inclusión de los créditos del film cedidos a la canción del grupo Asfalto que alcanzara notoriedad a finales de la década de los 70 y que posiblemente algún nostálgico echará en falta en el disco aún a costa de la discrepancia estilística, por no hablar de la anacrónica, que dicho empeño pudiera haber supuesto.
27-abril-2012
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